“Vivir de acuerdo con nuestros valores” suena muy bien, pero ¿qué son exactamente los valores? ¿En qué se diferencia llevar una vida basada en valores de lo que ya haces? ¿Cómo puedes acordarte de tus valores en momentos difíciles?

Descubrir qué es lo que te importa y basar tu vida en ello es un proceso más complejo y delicado de lo que parece a simple vista.
La manera más sencilla de definir los valores es como cualidades que deseamos para nosotros mismos.

Se trata de cualidades, es decir: no son reglas, ni objetivos, ni metas. Una cualidad hacia la que puedes trabajar cada día, en cada momento.

Las deseamos. No nos las imponemos, ni pensamos “debería actuar de acuerdo a mis valores”.

Es algo que uno elige porque así lo quiere, para crecer y para satisfacer los deseos de su corazón.

Los valores están presentes en todas las áreas de nuestra vida. Puedes preguntarte, por ejemplo, ¿qué cualidades deseo para mí como trabajador? ¿O como novia? ¿O como amiga? ¿O como miembro de mi comunidad? Quizá quieras ser responsable, cariñosa, leal, colaborador.

Todas estas palabras que te vienen a la mente son valores.

¿Cuáles son los riesgos de no vivir de acuerdo a nuestros valores?

O, lo que es lo mismo: ¿por qué es mejor vivir basándonos en valores?

Siempre que hay sufrimiento, sensación de vacío, de echar de menos algo y no saber bien qué… es porque los valores no están lo bastante presentes en nuestro día a día.

Examina los momentos difíciles de tu vida y verás que siempre, puede ser que se corresponden con una época en la que no has actuado de acuerdo con tus valores.

¿La relación que te hacía sufrir? No te estaba permitiendo ser el tipo de novia o de marido que deseabas ser, no tenías la oportunidad de desarrollar las cualidades que te hacen vibrar y pasar buenos momentos con tu pareja.
¿El trabajo que se estaba llevando tu alma? No era lo bastante importante para ti, no te permitía dar un significado a las horas que pasabas en la oficina, no te proporcionaba esa satisfacción intensa y duradera.

Descubrir tus valores y ser capaz de estructurar tu vida en torno a ellos es el mayor favor que puedes hacerte, si no quieres despertarte dentro de unos años y darte cuenta de que te has distraído con lo urgente y no has dejado tiempo para lo importante. Pensar en valores es elevarse por encima de las preocupaciones cotidianas y hacerse las grandes preguntas:

  • ¿Quién quiero ser?
  • ¿Hacia dónde va mi vida?
  • ¿Qué es lo que me importa de verdad?
  • Es observar la vida a vista de pájaro para mantener la perspectiva en los momentos difíciles.
  • ¿Cómo descubrir cuáles son nuestros valores?

 

La primera forma de descubrir cuáles son tus valores es, simplemente, preguntártelo.

Elige un área de tu vida (trabajo, familia, tiempo libre) y pregúntate: ¿qué es importante para mí en ese área? ¿Qué cualidades quiero manifestar? ¿Qué tipo de persona quiero ser Piensa: si no me importaran para nada los juicios y opiniones de los demás, ¿qué haría de manera distinta en mi vida? Si obtuviera automáticamente la aprobación de todos los que me importan, ¿qué tipo de persona querría ser?

Recuerda a alguien a quien admirabas de pequeño o a quien admiras ahora. ¿Qué tipo de persona es? ¿Qué cualidades representa esa para ti? ¿Qué te diría que cambiaras si viera tu vida actual?

En este proceso, hay algunos problemas típicos con los que puedes encontrarte: cuáles son y cómo puedes solucionarlos.

Problema nº 1:

Los valores me resultan demasiado abstractos, como si no tuvieran nada que ver conmigo.

Los ejercicios anteriores pueden dar como resultado una serie de palabras que, en el fondo, no tienen mucho significado para ti. Quiero ser amable, quiero ser aventurera, quiero ser generosa. Son conceptos verbales y abstractos que pueden perder su significado rápidamente.

Porque en realidad, los valores tienen que ver con las emociones. Nos importan por la forma en que nos hacen sentir. Los valores generan emociones distintas: una sensación diferente de satisfacción con nuestra vida, mucho más duradera y accesible

Problema nº 2:

Todos los valores me parecen apetecibles y no sé cuál elegir.

A menudo, cuando lees una lista de valores, te resulta difícil escoger: todos parecen importantes, todos suenan bien. Para saber realmente cuáles te mueven a ti, es necesario que examines tu propia vida.

¿Qué tipo de actividades te hacen sentir que has aprovechado tu día? ¿Con cuáles te olvidas del paso del tiempo? ¿Cómo sería tu vida si se pareciera a lo que siempre has soñado para ella? ¿Qué imaginabas para ti cuando tenías 8, 10, 12 años? ¿Qué harías día tras día si te tocara la lotería?

Averiguar tus valores partiendo de acciones y emociones tiene un riesgo: confundir lo que nos importa con lo que simplemente nos hace sentirnos bien (o no sentirnos mal) a corto plazo.”.

Problema nº 3:

¿Cómo diferencio entre valores y metas, reglas, expectativas u otras palabras similares?

La diferencia entre valores y metas es que los valores son direcciones hacia las que puedes trabajar siempre. Nunca llegará un momento en que hayas conseguido por completo el valor del aprendizaje, de la tolerancia o del coraje. Las metas, sin embargo, son puntos en el camino: si una de tus metas es casarte o ganar un millón de euros, una vez que lo hayas conseguido ya está, ya lo tienes.

Lo que hace a los valores superiores a las metas es que no nos mantienen esperando y aplazando nuestra felicidad hasta el día que las consigamos. Los valores te permiten traer esa felicidad al aquí y al ahora, eligiendo actuar de acuerdo con ellos en el presente, en las cosas más pequeñas.

Por último, es muy importante recordar que un valor es algo que depende de ti, y no una expectativa de cómo debería ser el mundo. Un valor no es “me gustaría que todos fuesen simpáticos conmigo”, o “quiero que mis amigos siempre estén disponibles cuando los necesito”.

Problema nº4:

No estoy seguro de si estos son realmente mis valores o más bien los de mi padre, prima, etc.

Aunque tus valores tengan que ver contigo, nada de lo que piensas es realmente tuyo: todos somos el resultado de lo que hemos vivido desde que éramos pequeños. Las cosas te importan porque, a lo largo de tu relación con los demás y con el mundo, has aprendido a que te importen.

Es importante no confundir esto con hacer algo para satisfacer a los demás o porque creemos que es lo que esperan de nosotros. En este caso, habría una diferencia entre lo que esperamos que el valor va a darnos (felicidad, bienestar) y lo que finalmente nos da (quizá una sensación breve de “mira qué bien”, pero nada duradero ni estimulante).

Si no sabes si tus valores son tuyos, examina cómo te hace sentir de acuerdo con ellos día a día, momento a momento, y no cómo encajan en la historia sobre ti mismo que te has (o te han) contado.

Problema nº5:

Tengo un conflicto de valores.

No, no lo tienes. Al menos, no en el 95% de los casos.

Si quieres tener a la vez aventura y estabilidad, o si quieres dedicar tiempo a la introspección y conocer gente, o si adoras a tus hijos pero necesitas tiempo para ti, lo que tienes no es un conflicto de valores: es un conflicto de tiempo.

Que un valor te importe no quiere decir que tengas que dedicar todos y cada uno de los momentos de tu vida a él, ni que necesites ser unidimensional y coherente en cualquier circunstancia. Esta es una postura basada en la rigidez, el miedo y querer tenerlo todo controlado.

 

La única forma de prestar atención a muchos valores distintos es llegar a acuerdos. Y sí que puede existir un conflicto real de valores. Descubrir tus valores es un proceso. Por muy bueno que sea tu proceso de reflexión sobre tus valores; por mucho que te preguntes, y pienses, y le des vueltas, y medites… seguirá siendo un proceso dinámico del que
aprenderás a medida que experimentes.

¿Es esto bueno, malo o regular? Es lo que es. Nadie tiene derecho a juzgar lo que es importante para ti, no se trata de valores incompatibles.

Acércate a tus valores con curiosidad y con ganas de aprender más sobre lo que hace que tu vida valga la pena.

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